QUIEN A RIOJA VINO…

TODO EL MUNDO DEL RIOJA A UN SOLO CLIC

ENOTURISMO: OPORTO

OPORTO GENERAL

OPORTO, ÚNICO Y SINGULAR

Oporto, tan cerca y tan lejos. Está ahí, a tiro de piedra y, sin embargo, parece que nos separa un mundo. ¿Por qué? Vaya usted a saber… Disquisiciones aparte, siempre es un buen destino para pasar unos días en un lugar con un encanto especial. Una ciudad desparramada entre dos lomas en un incesante sube y baja que cuelga de las colinas entre las que corre el Duero, el siempre presente Duero.

Porque todo en Oporto y en el oporto nace y vive gracias a este río que llega de España y que riega las espectaculares terrazas de viñas donde nace la uva que madura a cien kilómetros de la capital y se hace mayor envejeciendo en Vila Nova de Gaia.

RABELLOS

Es aquí, en Vila Nova de Gaia, donde encontraremos un espectáculo incomparable, o comparable únicamente a la concentración de bodegas centenarias del Barrio de la Estación en Haro. Es Vila Nova una ciudad casi gemela a Oporto al compartir río y espíritu, pero que vive a otro ritmo. Rápido y bullicioso el de la capital, sosegado y acompasado al silencio de los calados el de Gaia, donde nombres como Graham, Cockburns’s, Ferreira, Sandeman, Vasconcellos, Ramos Pinto, Burmester, Cálem, Porto Cruz, Taylor, Offley, Churchill o Croft conviven pared con pared desde hace más de doscientos años ofreciendo al aficionado uno de los vinos más singulares del mundo.

El viñedo que da origen al oporto es de una gran belleza por la dificultad que entraña su trabajo, a menudo en lugares escarpados y de enorme dificultad para acceder a él. Es por ello que un enorme número de viñedos cubren las laderas del Douro en espectaculares terrazas de pura roca ancladas con muretes de piedra o en los conocidos como patamares, sobre caminos de tierra abiertos quién sabe cómo en las laderas.

Las últimas décadas han traído consigo la plantación en hileras en el sentido de la pendiente con el fin de bajar costes valiéndose de la mecanización. Todo este viñedo, detalle que es desconocido por muchos, se encuentra a más de un centenar de kilómetros de Oporto, en las provincias de Tras-os-Montes y de Beira Alta, cerca de la frontera de España. Transitar en barco a los pies de estos viñedos es una intensa experiencia que cualquier aficionado al mundo del vino –o simplemente aficionado a la belleza- debería experimentar al menos una vez en la vida. Resulta una sensación inolvidable.

VIÑEDO

El territorio de la denominación abarca más de 260.000 hectáreas  localizadas en las laderas del Douro y sus afluentes, desde Peso da Régua hasta la frontera con España, pero la superficie cultivada apenas llega al 15 por ciento por la dificultad de su cuidado. Aquí sólo sobreviven la vid y el olivo. Así en el viñedo se suceden multitud de pequeñas parcelas donde más de 25.000 viticultores producen uva para el oporto. El dicho que es común entre los aguerridos viticultores del Douro dice que “todos los vinos serían oportos… si pudieran”.

Desde 1986 algunas de estas pequeñas bodegas o cooperativas han recibido el permiso para embotellar y exportar los oporto que elaboran desde las ciudades de origen, aunque la mayoría continúa enviando sus vinos a Vila Nova de Gaia –ya no en los bellos rabellos- donde se encuentran las centenarias lodges; la humedad propia de Gaia otorga al añejamiento en las pipas de 650 litros –litro arriba, litro abajo, porque no es una capacidad estandarizada- mejores condiciones de evolución y crianza.

Su principal cualidad es el dulzor conseguido al interrumpir el proceso de fermentación con alcohol vínico. De esta manera se eleva significativamente el contenido alcohólico y se mantiene alto el de azúcares naturales de la uva. Es el principio del encabezado añadiendo aguardiente en una relación de 100 litros de éste por cada 450 litros de vino en proceso de fermentación -76/78 por ciento-. Tras años de crianza los oportos se dividirán en ruby y tawny, aunque si se elabora con uva blanca se convierte en porto branco.

BRANCO

Los tawny son los oportos envejecidos en pipa que han perdido el color típico de su juventud –tawny en inglés significa tostado-. Son mezclas de varias cosechas que adquieren su nombre por la unión y el porcentaje de sus años de envejecimiento: 10 años, 20 años, 30 años, 40 años… Por ejemplo para un 20 años mezclado al 50 por ciento, la mezcla debería ser, por ejemplo, de tawny de 15 años y 25 años. El resultante sería un tawny 20 años. Es por tanto la unión de vinos jóvenes y otros más viejos, sin existir ninguna reglamentación que obligue a que la proporción sea exacta.

AÑADAS

Otro tipo de tawny es el colheita, procedente de una sola cosecha criada en pipa un mínimo de 7 años. Se suele especificar en la etiqueta su envejecimiento en madera para, de esta manera, evitar la confusión con los vintage.

Los ruby son más jóvenes y con más chispa. Llegan tras un añejamiento de 2 ó 3 años y son mezcla de varias añadas. Otros tipos de ruby son el LBV, el crusted y el vintage.

BAJAPORTO 201

El crusted recibe su nombre por el sedimento que presenta en botella. Se obtiene tras la sabia mezcla de vintage de varias añadas embotellados prontamente. Debe envejecer en vidrio un mínimo de 2 años, tiempo en el que se producen sedimentos o costra, por lo que se hace necesaria su decantación. Los late bottled vintage son oportos milesimados procedentes de un única cosecha que envejecen en pipa de 4 a 6 años.

Y para el final, el rey de los oportos: el vintage. Otro vino milesimado que sólo se produce en añadas declaradas excepcionales por el Instituto do Vinho do Porto. Esta calificación se produce 2 años después de la vendimia cuando el vino promete todas las cualidades exigidas para la máxima calidad y larga vida. La estancia de años y años en botella lo convierten en el estandarte de la plenitud que se supone en un oporto.

VIRGINIA SANDEMAN baja

No hay excusa

No hay excusa: el  Douro está cerca de casa, la gente es encantadora y los paisajes fascinantes. ¿A qué estamos esperando para ir? Un ejemplo de “viaje relámpago” y bien aprovechado es el que realizamos con la Universidad de La Rioja en apenas tres días. 72 horas en un fin de semana que dieron muchísimo de sí.

Viernes toca madrugón, el autobús sale a las 7 de la mañana desde Logroño rumbo a Peso da Regua. A las 3 de la tarde llegamos al hotel, breve descanso y a las 5, a trabajar –ejem…-. Primera visita a Quinta do Vallado, una de las cinco bodegas de los conocidos como “Douro boys”, donde probamos sus vinos tranquilos y los fortificados. Vamos haciendo el paladar, poco a poco… A las 7 nueva visita, esta vez a una pequeña quinta donde los vinos se siguen elaborando en familia. Aquí empezamos a ver la importancia que el enoturismo tiene en esta región –¡ayayay Rioja!, otro tren que todavía no hemos cogido…-, es Quinta de Tourais, que cuenta con su pequeño hotel y restaurante propio. Perfecto colofón para el primer día.

BAJAGRUPO VIÑEDO

El sábado nos espera el día más especial. A las 9,30 visita a Quinta do Tedo, en pleno corazón del Douro, entre Peso da Regua y Pinhao. Otra vez con prisas seguimos camino por una incomparable carretera encajonados entre laderas y siempre vigilados por multitud de terrazas plagadas de viñas. Tres cuartos de hora de camino y llegamos a una de las grandes establecida en Pinhao: Quinta do Bomfin, del Grupo Symington. Necesario conocer estos contrastes entre grandes bodegas y pequeñas propiedades. Han sido dos catas, el refrigerio se hace necesario en un mínimo restaurante del pueblo, nueva sorpresa: la comida es estupenda y los precios contenidos. Como el de las visitas a las bodegas, que suelen rondar los 10 euros dependiendo de los vinos que cates. Bien.

Nuestro próximo objetivo es Tua, adonde únicamente podremos llegar en barco. La hora de navegación disfrutando de algunos de los viñedos más inaccesibles de la región es fascinante. La Unesco no se equivocó al otorgar a los viñedos del Douro la calificación de Patrimonio de la Humanidad. Espectacular ver cómo el hombre, a base de trabajo y necesidad, ha podido sacar partido de este agreste terreno. Cada mirada es una postal, un fotograma de un Douro impasible entre imponentes gargantas donde sientes la vida del río y del viñedo, y donde percibes que, por una vez, la naturaleza y el hombre han caminado de la mano levantando un paisaje sobrecogedor por su infinita belleza. Sobrecogedor pero a la vez reconfortante. Aquí, a bordo de este pequeño rabello camino de Tua, los problemas del día a día pasan por unos minutos a segundo plano. Ya en Tua, todavía confundidos por lo que acabamos de ver, tomamos de nuevo el autobús y en menos de una hora llegamos a Oporto. Mañana nos esperan las centenarias lodges.

Bien descansados en nuestra agenda aparecen subrayadas tres clásicas: Sandeman, Graham’s y Ramos Pinto en Vila Nova de Gaia. Poco se puede decir de este trío de grandes del oporto y, sobre todo, de la incomparable concentración de bodegas centenarias que nos rodean. Sólo que resulta imprescindible visitar alguna de estos verdaderos museos vitivinícolas que se agolpan ordenadamente frente a Oporto. Son las 3 de la tarde. Con los deberes hechos y sabiendo algo más -sólo algo más, queda mucho por aprender-, de los vinos del Douro (tranquilos) y de los Porto (fortificados), vuelta a casa. Ya es de noche cuando llegamos a Logroño. Cansados pero con una gran satisfacción por haber disfrutado de tres días inolvidables. Un viaje que, sin duda, vale la pena.