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LOS ZANCOS DE ANGUIANO

 

APERTURA

Vértigo

Se cuenta de Anguiano que es el pueblo con tres barrios, tres puentes y tres clases de gentes. Sólo los naturales sabrán si el refranero popular dice verdad, pero lo que sí es cierto es que cada julio todos ellos se unen para celebrar la Danza de los Zancos, uno de los momentos más conmovedores y bellos que puede ofrecernos La Rioja.

El 21 de julio, coincidiendo con el rezo de vísperas, poco antes de oscurecer, ocho jóvenes, los ocho danzadores, suben la empinada calle que une la plaza del Ayuntamiento con la iglesia de San Andrés con el traje de danzador y los zancos en la mano; en apenas unos minutos se tirarán por la cuesta en honor de santa María Magdalena como han hecho en Anguiano sus mayores desde hace más de cuatro siglos.

La preparación antes de lanzarse supone un auténtico ritual. En silencio, bajo la mirada atenta y la ayuda de aquéllos que fueron los protagonistas hace años -los padres y abuelos que les precedieron-  van colocándose el chaleco, las enaguas, el faldón y los zancos de haya y casi 50 cm de altura. Son los danzadores más experimentados los que directamente ayudan a los jóvenes a atarse los zancos a sus piernas. Sin duda uno de los momentos más especiales e íntimos de la fiesta.

La camisa es blanca y los chalecos coloridos con siete bandas horizontales en rojo, blanco, verde, rosa, marrón, amarillo y azul; el pantalón negro, la faja azul y las enaguas se esconden bajo el faldón amarillo adamascado, fundamental en la danza, ya que es el que produce una especie de campana de aire que sujeta milagrosamente –con la ayuda de santa Magdalena, claro…- a los danzadores en su vertiginoso descenso. Es el traje que han heredado de sus mayores.

El día de la fiesta, el 22, una vez acabada la misa y la procesión por el pueblo, comienza propiamente “la danza” en el atrio de la iglesia. Mientras, el “cachiberrio” lanza sus versos a santa María Magdalena y anima a todos los participantes. Tras unos pasos de danza en grupo, uno a uno “se tiran las escaleras” girando a la vez que las bajan con el seco golpeteo del haya sobre la piedra como fondo. Cuando han bajado todos la escalinata de la iglesia, vuelve a organizarse el grupo y comienzan a danzar avanzando hacia la parte superior de la cuesta empedrada. La tensión es tremenda.

Una vez allí, de uno en uno, se van lanzando cuesta abajo entre el gentío que los arropa girando sobre sí mismos a una velocidad que deja sin habla a aquél que participa por primera vez en la fiesta, descendiendo hasta la plaza. Y vuelven a subir nuevamente hasta encontrarse con el inicio de la danza que ya está un poco más abajo porque han ido avanzando lentamente, para volver a “tirarse la cuesta” de nuevo. Los gaiteros, tras ellos, tocan a ritmo de tamboril y dulzaina “El Agudo”, mientras los danzadores que esperan su turno hacen sonar las castañuelas creando una atmósfera que mezcla el ritual con la alegría.

Abajo les esperan familiares, amigos y curiosos constituyendo “el colchón humano” que los detiene. Ya sin zancos, faldón y castañuelas, bailarán ayudados con palos de boj “los troqueaos” en honor a la patrona.

La danza tiene lugar en la festividad de la Magdalena, el 22 de julio, al mediodía tras la misa y al atardecer. Pero durante estas fiestas se danzará otros dos días más. El último fin de semana de septiembre, fiestas de “Gracias”, con la vuelta de la santa a la ermita donde residirá durante todo el invierno, vuelven a danzar. La primera referencia escrita de la Danza de los Zancos, una prueba que debía pasar todo muchacho zarrio para ser considerado un hombre en el pueblo, data de 1603. Todo un orgullo para este singular pueblo de la sierra riojana.

GRUPO baja

 

Amantes de la buena vida

Tras las emociones de Los Zancos, nos habremos ganado el justo refrigerio en alguno de los restaurantes del pueblo. Como primer plato unos contundentes caparrones, alubias rojas propias de Anguiano  y de gran fama en toda La Rioja, que llegan con su tocinito y su chorizo fresco exigiendo una botella de tinto de la tierra a mano para que “pasen”. De segundo algo más llevadero, truchas del río Najerilla con su loncha de panceta para no perder las buenas costumbres. Peras al vino de postre y, como colofón, un licor de valvanera. Rico, rico…

caparrones-de-anguiano            trucha-con-piquillos-y-bacon     tarta 210

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