QUIEN A RIOJA VINO…

TODO EL MUNDO DEL VINO DE RIOJA A UN SOLO CLIC

UN REGALO PARA LOS SENTIDOS

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Despertaban los insectos de su siesta cuando llegamos al viñedo El Regalo. Acompaño a los hombres de Izadi a su “hotel de insectos”. Y es que tanto Roberto Vicente, enólogo de la bodega, como Alfonso Garciniega, encargado de viñedo, creen que el campo necesita ir a su ritmo, respetando la vida que hay en él.

 “Ojo, no hagas mucho ruido para que no tengan un mal despertar, es un hotel cinco estrellas”, me dice Alfonso entre risas, “hay piedras, ladrillos para las abejas, cañas de bambú, paja, troncos perforados… aun así, ya más en serio, el verdadero hotel de insectos es el viñedo en sí. Paseas por él y lo sientes vivo”.

Estamos en uno de los mejores viñedos de Izadi y Roberto relata orgulloso el trabajo que viene realizando esta bodega situada en el triángulo mágico que conforman Villabuena, Samaniego y Ábalos. “En julio de 2020 nos certificamos por Wineries for Climate Protection, que premia las prácticas sostenibles”. 

“Todo el viñedo propio lo cultivamos en ecológico y empujamos a nuestros proveedores a una práctica sostenible. En este tipo de viñedos hay que actuar de otra manera. La gente está acostumbrada a seguir un calendario, llueva o truene; en el ecológico es diferente porque dependes del tiempo ya que son productos de contacto, preventivos. Tú tratas el viñedo pero si mañana llueve está desprotegido, pero en sí la idea es que se proteja de alguna manera a sí mismo, persiguiendo mayor equilibrio y menor vigor”.

“Si tienes una buena cubierta vegetal, si abonas menos, si los racimos son más pequeños y están más expuestos, son mucho menos sensibles a cualquier enfermedad”. Si es que está todo inventado, la naturaleza es sabia y el buen viticultor lo sabe. Los problemas llegan cuando forzamos su equilibrio. “El concepto de cultivo”, señala Roberto, “es diferente y hay que adaptarse a él, comprenderlo y trabajarlo de otra manera. Si sólo dices voy a “eco” y no cambias el chip, fracasas”. El resumen nos dice que un vino ecológico no es sólo de carnet, sino por convencimiento de quienes lo hacen. 

Y es algo que sientes cuando recorres este tipo de viñedos, los disfrutas con un punto de respeto y casi veneración, él estaba ahí antes de que nosotros naciéramos. “Es un viñedo plantado en 1936, pero por la guerra no pudo inscribirse hasta 1940. Tiene diferentes clones de tempranillo, viura, malvasía, graciano, algunas cepas que no sabemos ni lo que son… El típico viñedo viejo de Rioja mezcla de variedades en terrazas e incluso dos orientaciones diferentes”. Y catándolo luego en bodega lo adivinas respetuoso, importante, testimonio en definitiva de su zona. “Una parcela, una expresión”, matiza Roberto.

A la hora de la despedida Alfonso resume perfectamente el espíritu que, cada vez más, recorre la Rioja que queremos: “Cada vez hay más gente que entiende que el trabajo en ecológico es el futuro, cada vez hay más viticultores que rechazan los productos abrasivos que se llevan todo por delante. Rioja es una zona más complicada para trabajarla en “eco” que por ejemplo Ribera, pero la mentalidad está cambiando. Antes la sostenibilidad era una opción, ahora es casi una obligación”.

Sin querer tomar protagonismo, opino con humildad para cerrar el artículo: éste es un movimiento imparable que busca el equilibrio entre la cepa, la tierra, la fauna y la flora, quien trabaja así quiere mantener el suelo vivo, igual o mejor que como lo encontró. Es La Rioja que debemos legar a los que vengan.

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