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LA BOTRYTIS: EL ENEMIGO QUE ACECHA

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No serían más de las 6 de la tarde del pasado lunes cuando saltaron todas las alarmas. Una tremenda tormenta se había desatado en Rioja Alavesa dejando a su paso viñedos anegados y una sensación de impotencia en los agricultores difícil de describir. No dejaba de ser la amarga guinda a un pastel que lleva horneándose todo el año: a la helada del año pasado se han sumado el oídio y el mildiu de esta campaña. Ahora, la amenaza de la botrytis. La vendimia se prevé complicadísima. 

No cabe duda que 2018 será recordado como un año difícil en la vid. Mucho trabajo en viña en una lucha constante en busca de la sanidad en la uva. Casi no ha habido ceniza, es cierto, pero no nos hemos librado de piedra, oídio, mildiu y agua, mucha agua a destiempo. “Estas lluvias a 10 días de vendimiar no traen nada bueno”, nos comentaba Luis Larrea de Pago de Larrea. “La tormenta pasó casi de largo por Torremontalbo, Cenicero y Baños de Ebro, donde dejó unos 10 litros, pero luego se metió hacia Villabuena, Lapuebla y Elciego, aquí cayeron 60 litros en apenas una hora. A Laguardia no llegó casi nada”.

El día después el campo se veía más tranquilo. Camino de Elciego, Viña Real y Contino amanecían como si nada hubiera ocurrido, Gerardo Viteri tampoco llamaba la atención. Ni el viñedo de Los Castejones de Marqués de Riscal. Ya en Laguardia paso Bodegas Palacio sin novedad, aunque llegando a Elciego, con el hotel de  Frank Gehry al fondo, empiezan a verse zonas ligeramente encharcadas. Durante la noche el campo ha drenado y es poca el agua que se acumula.

Pero se adivina, la humedad está ahí y, con el termómetro que llega a los 25 grados, la amenaza del hongo resulta evidente. Un paseo por Lapuebla confirma el tormentón de ayer, y un vistazo a un viñedo emblemático como el que poseen los Eguren en Páganos es definitivo; La Nieta luce precioso con el sol de mediodía, aun así es un lodazal. Exquisitamente cuidada, racimos ventilados, poca carga… pero hay humedad y estamos a 27 grados.

A última hora de la mañana, tomando un vino en Cenicero con Francis Rubio, de Bodegas Tritium, la conversación deriva hacia esa especie de psicosis que tienen todos los viticultores estos días, la botrytis. Porque es un tema que da mucho respeto con casi todo ya hecho en el viñedo. El “bicho”, porque no se le puede llamar de otra forma, ha llegado a última hora, la hora de los invitados no deseados. El incómodo advenedizo ha comparecido y, sin pedir permiso, se ha sentado a la mesa pidiendo de primer plato racimos cargados de bayas grandes y prietas, humedad de segundo y fuerte calor de postre. Un menú explosivo hecho a medida de este hongo parásito.

 “La botrytis está saliendo ya”, comenta Francis con cara de preocupación, “ha sido un año ideal para esta enfermedad porque ha llovido mucho y los granos son muy gordos. Todos tenemos una especie de psicosis. La fecundación fue bien y los racimos tienen muchos granos, pero mucha lluvia, mucha humedad y la uva empiezan a engordar; la botrytis no es capaz de romper los granos para entrar, suele hacerlo por el picotazo de la polilla y por la piedra, o por la ceniza que agrieta el grano y entra por ahí. Pero este año, como por el tamaño no caben las bayas en el racimo, se rompen recibiendo una ayuda inesperada”

“La botrytis es como el mildiu, está siempre, lo que necesita es que le ayude el tiempo favorable, la humedad y el calor. El chaparrón del lunes junto a la carga grande por las lluvias de primavera se lo ponen en bandeja. Lo mejor es el tratamiento preventivo, sobre todo en las tierras que pegan al río, tierras húmedas y cascajosas, fértiles y vigorosas. En las tierras altas, la tierra fuerte que llamamos aquí, es más difícil, hay menos humedad y corre más el aire. Es más sana”.

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Quien haya estado encima de la viña durante el año tendrá más fácil librarse de esta podredumbre. Ya se sabe, poca carga, viñedo deshojado para que corra el aire, tratamiento final con productos sin residuos  y… suerte. Porque habrá que poner más de una vela al santo de nuestra devoción para que haga frío y corra la brisa fresca.

Francis lo tiene claro, está todo inventado en el campo: “Deshojar, aclarar racimos y aireación, que no pegue un racimo con otro. Como llueva más se va a empezar a pudrir sin terminar de madurar, este año se está pudriendo verde. En Elciego ayer cayeron 60 litros y yo creo que tiene muy difícil arreglo, eso es casi como si hubiera caído piedra”.

Quedan quince días para empezar a vendimiar, ¿cómo viene este 2018? “En la calidad siempre manda septiembre. Pero de momento sí tengo claro que la cosecha no va a ser en ningún modo excelente, puede ser buena, pero la uva llega grande y tenemos pocos polifenoles y antocianos. Pero puede llegar a muy buena si estos 15 días aguanta el tiempo, porque hasta ahora el cielo estaba respetando. Pero llevamos un año sin tregua y nadie nos libra del miedo final por está siendo una cosecha muy complicada”.

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